Nada nuevo en la Tierra Media, poco que decir sobre “El Hobbit”

Cuando la industria fílmica nos regala una nueva parte de una película, sea secuela o precuela, como en los casos de “Star Wars” o “X-Men”, esperamos algo nuevo, bueno o malo, pero un aporte al fin y al cabo.

En el caso del Señor de los Anillos, una saga que tarde o temprano será reconocida en los libros de historia del cine como la mejor producción de todos los tiempos, porque roza la perfección, la expectación es aún mayor. De ahí el tinte de decepción en el título:

“El Hobbit”, la precuela de la megaproducción del talentosísimo Peter Jackson, no aporta nada. Y esto no es una crítica negativa a la obra, simplemente constata el hecho de que el director repitió lo de sus tres capítulos anteriores. Quizás su maestría y perfeccionismo le hicieron reproducir con calco milimétrico los paisajes monumentales, los maquillajes impresionantes, los planos panorámicos y la atmósfera mágica omnipresente de la obra de Tolkien.

¿Qué más decir? Cualquier análisis sería el mismo de las tres partes precedentes del “Señor de los anillos” y, por ende, redundante… Poco que decir sobre “El Hobbit”.

The Hobbit: An unexpected journey

2012

Peter Jackson

Martin Freeman, Ian McKelleb, Richad Armitage

Vía Crucis submarino en “Lo Imposible”

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“Lo Imposible”, obra que recrea el drama de una familia golpeada por el tsunami del sudeste asiático en la Navidad del 2004, es una película más bien básica que no da para un análisis extenso. Y aunque no podemos valorar una película sólo por una escena,  la secuencia donde se muestra de manera brutal la furia terrorífica de la naturaleza es un punto alto que saca por 5 minutos de su mediocridad al filme.

Como una explosión, la ola gigante separa a la familia y lleva a cada miembro a un destino incierto bajo el mar. A cada golpe le sigue la sorpresa de continuar con vida. Uno, otro, otro más. Y la ira del mar sólo concede pausas mínimas para salir a flote, respirar y aferrarse a la vida. Finalmente, el mar escupe a sus víctimas contra algo que alguna vez fue un pueblo. El terror da paso al dolor, a la sangre.

La historia prosigue con los esfuerzos de la familia por conocer la suerte de los demás. Aquí comprobamos el peso interpretativo de Naomi Watts, que la tiene como candidata a la estatuilla de mejor actriz de los próximos Oscar.

Al final de la historia, a modo de flashback terrible, la protagonista revive cada una de las heridas del Vía Crucis submarino al que fue sometida por madre natura. Una escena cruda que hace bien el trabajo: Mostrar lo que el shock inicial bloqueó y que ahora, al borde de la muerte, el cerebro rescata como intentando explicar tanto dolor.

Efecto narrativo destacable dentro de una producción que abunda en los efectos especiales pero a la que -para decirlo sin análisis técnico- le falta algo.

El copy-paste magistral de Tarantino

La recientemente estrenada “Django Unchained”, de Quentin Tarantino, es una muestra de lo que ya es marca registrada del director: Amalgama-homenaje de violencia sublime. ¿Más de lo mismo? Sí, de cierta forma sí, pero la respuesta admite un pero: La maestría de Tarantino hace que su autocopia constituya pese a todo una obra valiosa.

Su premisa es simple. Según sus propias palabras: “Tomar cosas que ya existen y juntarlas para crear algo totalmente nuevo”. Totalmente nuevo hasta cierto punto, porque en “Django Unchained” aplica a la temática de la esclavitud la misma fórmula que usó en películas de mafia (sus 6 primeras) y de guerra (“Inglorious Basterds”): Homenaje al cine de los setentas, gran banda sonora, diálogos eternos, “mexican stand-offs” *,  resurrección de actores olvidados y violencia a mares presentada de manera hilarante.

Con todo, el resultado es un Spaguetti western muy entretenido, con actuaciones descollantes y visualmente exuberante.

Django (Jamie Foxx) camina engrillado el oscuro camino de la esclavitud cuando la caravana de negros se topa con el frío y hábil cazarrecompensas alemán King Schultz, quien roba el esclavo a sus captores para usarlo en un suculento cobro. A cambio, Django recibirá parte de la recompensa y la tan anhelada libertad.

Sin embargo, éste no es el mayor premio para él: La inesperada sociedad lo embarcará en el rescate de su amada esposa, quien fue arrebatada de sus brazos hace un tiempo para hacerla servir al desgraciado y abusador dueño de fundo Calvin Candie, interpretado por Leonardo DiCaprio.

Rojo furioso

He aquí un cliché más: la venganza. La misma venganza roja furiosa que llevó a The Bride a matar a repetición en Kill Bill. La misma venganza que llevó a que un puñado de judíos sicóticos tiñera de rojo una parte de Francia hasta reventar al mismísimo Hitler en “Inglorious Basterds”.

Y aunque éste sea un plato que se sirve frío, la venganza es sinónimo de violencia, algo que se ha transformado en una especie de segundo nombre de Quentin Tarantino, mote que, especialmente en esta película, le ha traído críticas y ocasionado más de una rabieta.

En “Kill Bill”, el director suavizó algunas escenas dejándolas en blanco y negro para anular el rojo de la sangre. Igual lo criticaron. Acá no hizo concesiones y, además, como efecto colateral de una tragedia horrenda, la matanza en la escuela de Sandy Hook hizo que la violencia en los medios surgiera como tentador blanco de críticas, a días del estreno.

Sangre hay a raudales. Tripas también. Sin embargo, la crueldad de los castigos a los esclavos, en especial una escena  que no tiene nada de sangre, concentra lo más violento del filme.

Para el heredero cinematográfico del Black Power, el director Spike Lee, lo más violento del filme se reduce a una palabra, “nigger”, que, para ser rigurosos, no corresponde al “negro” del español, ya que “nigger” denota el color más la ofensa y nosotros no tenemos un término con tanta carga peyorativa. A Lee le da tirria la palabrita. Ya se la criticó en “Pulp Fiction” y en “Jackie Brown”, pero ahora apunta también a la falta de respeto de Tarantino por usar el término aquel en el marco de la tragedia afroamericana.

Tarantino se defiende diciendo hasta el hastío “It’s just fiction, It’s just fiction, man”, pero pocos quieren entender su defensa, la que, seamos justos, es la pura verdad.

Trío de ases

El protagonista de la película es Jamie Foxx, pero voluntaria o azarosamente el actor no destaca tanto como los secundarios, quienes conforman un trío de ases, colosos de la actuación que por sí solos hacen que valga la pena pagar la entrada.

El primerísimo es el austriaco Christopher Waltz, descubierto por Tarantino en su cinta anterior, donde se roba la película encarnando a un cínico, maquiavélico y verborreico militar nazi, lo que además de los aplausos le valió el Oscar.

Esta segunda incursión bajo las órdenes de Quentin es aún mejor. Waltz toma lo más alabado del militar alemán y lo plasma en la personalidad colorida, hábil y más humana de este cazarrecompensas. Colorido en su hablar, hábil en su actuar cuan viejo zorro y humano al entender y apañar y liberar al esclavo Django.

En el podio también está el talentosísimo Leo DiCaprio, quien demuestra por qué es considerado uno de los mejores actores de su generación. Con maestría interpretativa hace que odiemos al amo de la esclava con tanto anhelo buscada, que odiemos su inteligencia, su dinero ganado con abusos y hasta sus dientes amarillos.

El tercer as es Samuel L. Jackson. Ícono del cine de Quentin Tarantino pudo sacarse de encima sus apariciones intrascendente como el insípido Nick Fury (“Iron Man”, “Avengers”) para dar vida al viejo Stephen, quizás el único “nigger” de la película, ya que con maneras solapadas y serviles es la mano derecha del abusador interpretado por DiCaprio.

El director de la película cumple religiosamente con otro de sus clichés al incluir a figuras desechadas por la máquina hollywoodense. Es el caso de Don Johnson y Franco Nero. El primero, ícono ochentero de segunda división con “Miami Vice”, sorprende con una actuación decente. El segundo, no sorprende, todos conocemos la calidad del “Django” original…

Django Unchained

2012

Quentin Tarantino

Jamie Foxx, Christopher Waltz, Leonardo DiCaprio

* Un empate dentro de una confrontación con armas, generalmente entre tres personas. “No te puedo matar porque tu amigo me está apuntando, y él no me puede matar porque yo te estoy apuntando”. Tarantino lo ha recreado con distintas armas y en distintos momentos históricos.  http://encyclopedia.thefreedictionary.com/Mexican+standoff

La comedia franco-rusa de Depardieu.

El actor, con un traje típico que visiblemente no es de su talla, muestra orgulloso su nuevo pasaporte.

El legendario y polémico actor francés Gérard Depardieu protagoniza por estos días su propia sátira en la vida real. Cansado de pagar impuestos en su país, renunció al pasaporte francés y obtuvo, en tiempo récord, el pasaporte ruso de la mismísima mano del no menos carismático Vladímir Putin.

Las feroces reformas tributarias del gobierno de Hollande obligan a Depardieu, y a todos quienes ganen más de un millón de euros al año, a pagar el 75% de esa suma en impuestos… una locura, no sólo para Monsieur Depardieu.

En una sentida e irónica carta, el actor criticó la medida, renunció a su pasaporte y anunció su exilio con un tajante “yo no tengo nada más que hacer aquí”. Para torpedear cualquier asomo de crítica, lanzó números a la mesa: En 45 años de trabajo -comenzó en una imprenta a los 14 años- ha pagado 145 millones de euros en impuestos. Oh là là!

Tras intentar sin éxito recibir la ciudadanía belga, miró más hacia el Este y solicitó la rusa. Fiel a su estilo de dictador simpaticón, Vladímir Putin se la otorgó por decreto presidencial en un trámite superexpress. Halagado y aliviado, Depardieu redactó una carta abierta donde expresa sin mesura su agradecimiento al presidente y a la “gran democracia rusa”. Oh là là de nuevo. Los republicanos franceses se pegaban con duras baguettes en la cabeza de la pura rabia.

La comedia va tomando así rasgos de absurdo. Más aún cuando el actor galo llegó el pasado fin de semana a las orillas del Mar Negro para reunirse con el presidente ruso en una de las casas de descanso que éste tiene y recibir su pasaporte. Se dice que la reunión fue de tú a tú y hablaron de cine.

Pero más colorida y surrealista fue su recepción horas antes en el aeropuerto de Saransk, donde las autoridades de Mordovia lo recibieron con honores. El gobernador, Vladimir Volkov, demostrando que en Rusia las cosas se siguen haciendo como en el pasado, le ofreció una casa con vista al mar y el puesto de ministro de Cultura. Depardieu, él, se deja querer…