El copy-paste magistral de Tarantino

La recientemente estrenada “Django Unchained”, de Quentin Tarantino, es una muestra de lo que ya es marca registrada del director: Amalgama-homenaje de violencia sublime. ¿Más de lo mismo? Sí, de cierta forma sí, pero la respuesta admite un pero: La maestría de Tarantino hace que su autocopia constituya pese a todo una obra valiosa.

Su premisa es simple. Según sus propias palabras: “Tomar cosas que ya existen y juntarlas para crear algo totalmente nuevo”. Totalmente nuevo hasta cierto punto, porque en “Django Unchained” aplica a la temática de la esclavitud la misma fórmula que usó en películas de mafia (sus 6 primeras) y de guerra (“Inglorious Basterds”): Homenaje al cine de los setentas, gran banda sonora, diálogos eternos, “mexican stand-offs” *,  resurrección de actores olvidados y violencia a mares presentada de manera hilarante.

Con todo, el resultado es un Spaguetti western muy entretenido, con actuaciones descollantes y visualmente exuberante.

Django (Jamie Foxx) camina engrillado el oscuro camino de la esclavitud cuando la caravana de negros se topa con el frío y hábil cazarrecompensas alemán King Schultz, quien roba el esclavo a sus captores para usarlo en un suculento cobro. A cambio, Django recibirá parte de la recompensa y la tan anhelada libertad.

Sin embargo, éste no es el mayor premio para él: La inesperada sociedad lo embarcará en el rescate de su amada esposa, quien fue arrebatada de sus brazos hace un tiempo para hacerla servir al desgraciado y abusador dueño de fundo Calvin Candie, interpretado por Leonardo DiCaprio.

Rojo furioso

He aquí un cliché más: la venganza. La misma venganza roja furiosa que llevó a The Bride a matar a repetición en Kill Bill. La misma venganza que llevó a que un puñado de judíos sicóticos tiñera de rojo una parte de Francia hasta reventar al mismísimo Hitler en “Inglorious Basterds”.

Y aunque éste sea un plato que se sirve frío, la venganza es sinónimo de violencia, algo que se ha transformado en una especie de segundo nombre de Quentin Tarantino, mote que, especialmente en esta película, le ha traído críticas y ocasionado más de una rabieta.

En “Kill Bill”, el director suavizó algunas escenas dejándolas en blanco y negro para anular el rojo de la sangre. Igual lo criticaron. Acá no hizo concesiones y, además, como efecto colateral de una tragedia horrenda, la matanza en la escuela de Sandy Hook hizo que la violencia en los medios surgiera como tentador blanco de críticas, a días del estreno.

Sangre hay a raudales. Tripas también. Sin embargo, la crueldad de los castigos a los esclavos, en especial una escena  que no tiene nada de sangre, concentra lo más violento del filme.

Para el heredero cinematográfico del Black Power, el director Spike Lee, lo más violento del filme se reduce a una palabra, “nigger”, que, para ser rigurosos, no corresponde al “negro” del español, ya que “nigger” denota el color más la ofensa y nosotros no tenemos un término con tanta carga peyorativa. A Lee le da tirria la palabrita. Ya se la criticó en “Pulp Fiction” y en “Jackie Brown”, pero ahora apunta también a la falta de respeto de Tarantino por usar el término aquel en el marco de la tragedia afroamericana.

Tarantino se defiende diciendo hasta el hastío “It’s just fiction, It’s just fiction, man”, pero pocos quieren entender su defensa, la que, seamos justos, es la pura verdad.

Trío de ases

El protagonista de la película es Jamie Foxx, pero voluntaria o azarosamente el actor no destaca tanto como los secundarios, quienes conforman un trío de ases, colosos de la actuación que por sí solos hacen que valga la pena pagar la entrada.

El primerísimo es el austriaco Christopher Waltz, descubierto por Tarantino en su cinta anterior, donde se roba la película encarnando a un cínico, maquiavélico y verborreico militar nazi, lo que además de los aplausos le valió el Oscar.

Esta segunda incursión bajo las órdenes de Quentin es aún mejor. Waltz toma lo más alabado del militar alemán y lo plasma en la personalidad colorida, hábil y más humana de este cazarrecompensas. Colorido en su hablar, hábil en su actuar cuan viejo zorro y humano al entender y apañar y liberar al esclavo Django.

En el podio también está el talentosísimo Leo DiCaprio, quien demuestra por qué es considerado uno de los mejores actores de su generación. Con maestría interpretativa hace que odiemos al amo de la esclava con tanto anhelo buscada, que odiemos su inteligencia, su dinero ganado con abusos y hasta sus dientes amarillos.

El tercer as es Samuel L. Jackson. Ícono del cine de Quentin Tarantino pudo sacarse de encima sus apariciones intrascendente como el insípido Nick Fury (“Iron Man”, “Avengers”) para dar vida al viejo Stephen, quizás el único “nigger” de la película, ya que con maneras solapadas y serviles es la mano derecha del abusador interpretado por DiCaprio.

El director de la película cumple religiosamente con otro de sus clichés al incluir a figuras desechadas por la máquina hollywoodense. Es el caso de Don Johnson y Franco Nero. El primero, ícono ochentero de segunda división con “Miami Vice”, sorprende con una actuación decente. El segundo, no sorprende, todos conocemos la calidad del “Django” original…

Django Unchained

2012

Quentin Tarantino

Jamie Foxx, Christopher Waltz, Leonardo DiCaprio

* Un empate dentro de una confrontación con armas, generalmente entre tres personas. “No te puedo matar porque tu amigo me está apuntando, y él no me puede matar porque yo te estoy apuntando”. Tarantino lo ha recreado con distintas armas y en distintos momentos históricos.  http://encyclopedia.thefreedictionary.com/Mexican+standoff

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