“La noche más oscura”: La sombra de la tortura made in USA

El 2 de mayo del 2011, las informaciones nos golpeaban con la poco creíble noticia de que Osama Bin Laden, el para Estados Unidos culpable máximo de los atentados a las Torres Gemelas, había sido capturado y asesinado. “La noche más oscura”, de la realizadora estadounidense Kathryn Bigelow, toma este hecho para reconstruir la intrincada historia de maniobras de inteligencia que lo precede, que comenzó en los cuarteles de Washington el mismo día de los atentados.

Un guión potente muestra la conformación de esta caza al hombre, dejando al desnudo las técnicas militares y de investigación que Estados Unidos usó para capturar a su chivo expiatorio. La tortura, los sobornos –uno de ellos increíble pero cierto- y la prepotencia de la CIA quedan en evidencia, lo que produce la sensación de tener en pantalla un documento que debería avergonzar a los Estados Unidos, especialmente a su presidente, el bueno de Obama.

Sólo la sensación, ya que tanto la directora como el talentoso guionista, el periodista Mark Boal, se han encargado de recordar que la obra no es un documental y que tampoco pretende acusar a las autoridades, sino que aportar al debate sobre el ya evidente uso de la tortura de parte de esta nación.

Si no es una acusación, tendríamos que decir que les faltó poco. Los largos primeros minutos de la película muestran de manera incómodamente cruda y explícita las técnicas de tortura aplicadas a un prisionero clave, en una de las muchas cárceles secretas que la CIA tiene en Medio Oriente.

Es la “bienvenida” que recibe la protagonista, la joven Maya, “cerebrito” de la CIA interpretado por Jessica Chastain que debe sumergirse rápidamente en el terreno árido de la búsqueda, participar directamente y sin escrúpulos en prácticas cuestionables y terminar por hacer de la caza a Bin Laden una misión personal.

En poco tiempo, Maya se transforma en la líder de la operación, moviéndose como pez en el agua entre los peces gordos de la CIA. Mención especial merece aquí la inclusión de James Gandolfini en el papel del director de la agencia de inteligencia. La carga gansteril del robusto actor –Los Soprano- es perfecta para retratar el poder imponente del funcionario.

La protagonista se va haciendo experta sobre la marcha, pero choca con una serie de fracasos y la oposición de sus superiores. Finalmente, su férrea tenacidad, apoyada por los gadgets de la CIA, hace posible que, como ya sabemos, se logre el objetivo.

Guión v/s corazón

Una historia bien contada, un guión excelentemente bien documentado. Tanto, que algunos senadores norteamericanos pusieron el grito en el cielo por la supuesta información calificada que el guionista habría obtenido de informantes de la CIA. De ahí, la fuerza de cuasidocumento de la cinta.

Sin embargo, así como aplaudimos el relato exuberante, echamos de menos una producción estética más acabada y, quizás usando ese componente, un ingrediente emotivo más logrado. Lo que le sobra de información, le falta en sangre, no en sangre de utilería, sino que en sentimiento.

Un ejemplo de esto es la recreación de la noche del asalto final. ¡Perfecta!, si se contrasta con la locación real en Pakistán y las informaciones de prensa, pero ¿qué hay del nerviosismo antes de aquella importante operación?, ¿las dudas sobre el resultado?, ¿la euforia del éxito?, nada. Si hubo expresiones emotivas, éstas no traspasaron la pantalla.

Zero Dark Thirty

2012

Kathryn Bigelow

Jessica Chastain, Jason Clarke, Kyle Chandler

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