“Rebelle”: Inocencia en medio del infierno

El horror de la guerra ha sido retratado de mil formas por el cine: Descarnada en “El pianista”, tierna en “La vida es bella”, y hasta cómica, como es el caso de “Bastardos sin gloria”.

El film “Rebelle” nos presenta el flagelo de los niños soldados en el África subsahariana en forma de fábula. Una fábula que mezcla mágicamente la brutalidad de la guerra con la ternura de sus protagonistas, teniendo como telón de fondo la omnipresente atmósfera pagana del continente negro.

Como muchos de sus pares, Komona, una niña de 12 años, sufre el ataque de una facción rebelde contra su poblado. En el feroz saqueo, los invasores se llevan lo que tiene más valor entre esas pobres chozas de paja: los niños. Todo lo demás, cosas y personas, quemadas sin piedad.

Extirpada, secuestrada y vejada, Komona aprende junto a sus compañeros a disparar y a matar. Al poco tiempo, el azar -u otra cosa- quiso que un evento llevara a los líderes rebeldes a creer que la niña era bruja y que tenía el poder de detectar al enemigo. Cierto o no, ese estatus la salvó varias veces de morir bajo las mismas balas que sus compañeros…

Y le dio la oportunidad de encontrar una pequeña luz de alegría y esperanza en ese infierno: La protagonista atrapa ese efímero destello gracias a un amor adolescente que le cambia la vida.

El director franco-canadiense Kim Nguyen se vale de ese elemento para hacer de esta película, su cuarto largometraje, una obra bella, entrañable, única.

La historia de amor es la responsable de las imágenes más hermosas y emotivas de la obra. Los poderes de “bruja” de la chica, en tanto, sirven de hilo conductor de la trama y mantienen cautivo al espectador, compañero silencioso de la travesía de Komona hacia una posible vida mejor.

Una película diferente. Un trabajo excepcionalmente bien logrado que la llevó a ser reconocida en Berlín y postular al Oscar como mejor película extranjera (compitiendo con “No” y “Amour”, que finalmente se quedó con la estatuilla).

Una perla rara que nos hace pensar durante 90 minutos que quizás hemos estado perdiendo la mitad de nuestras vidas viendo películas mediocres de Hollywood.

Anuncios

“Amour”, más que una hermosa palabra

El amor se manifiesta en innumerables formas: el perdón, el cariño, el cuidado, la comprensión, la paciencia son algunas de ellas. Todas estas están presentes en la historia de la pareja de octogenarios que protagoniza “Amour”, nominada a mejor película y mejor película extranjera en los próximos premios Oscar.

El aclamado director austriaco Michael Haneke nos hace espectadores de un amor quizás más valioso que otros, una relación ubicada en una etapa de la vida donde todo es marchitarse y amar se hace aún más difícil.

Con una cuidadísima puesta en escena, fotografía y planos perfectos, y una atmósfera intimista, inquietante y a veces asfixiante, el realizador de obras como “The white ribbon” y “Funny Games” nos presenta un episodio traumático en las vidas de George y Anne que pondrá a prueba su relación y les hará constatar que la muerte está inevitablemente cerca.

Una mañana cualquiera, la mujer tiene un accidente vascular que la va dejando progresivamente paralizada y postrada. Con su única hija ausente por la mecánica trabajo-familia-egoísmo, George tiene que hacerse cargo de todos los cuidados de su mujer y se convierte, contra su voluntad, en testigo privilegiado de la chocante, triste e injusta transformación de su mujer, único responsable del amor de su vida.

El montaje preciso de Haneken mezcla atemporalmente fragmentos del pasado pleno de vida, con el presente sombrío y escenas surgidas de la fantasía de los protagonistas.

La música también es parte importante. Ambos ancianos son ex profesores de música clásica y, por ende, su entorno y recuerdos están cubiertos de la elegante y reconfortante atmósfera prodigada por Schubert, Beethoven y Bach.

Con una cadencia sutil, que algunos encontrarán derechamente “lenta”, la película logra sumergirnos en la experiencia de la vejez terminal y enseñarnos que “amour” es más que la palabra más hermosa del francés.

La interpretación de los dos protagonistas está en manos de Jean-Louis Trintignant (George) y  Emmanuelle Riva (Anne). Ésta última, leyenda viviente del cine francés, recordada y respetada por su participación en la clásica “Hiroshima, mon amour”. Ambos actores, con más de 80 años a cuestas como sus personajes, logran hacer comprender al espectador cómo es vivir en el ocaso de la vida.

Como sucede con gran parte del cine europeo, la película nos entrega eso que paradojalmente es cada vez más escaso en el mundo del cine: delicadeza, placer audiovisual, arte.

 

Amour

2012

Michael Haneke

Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva